Lo que hubo en Varsovia (día 3)

Las tierras que hoy ocupa el pueblo polaco han sido siempre turbulentas, pues podría decirse que se encuentran en medio de nada y de todo, una contradicción que ha ido confirmándose con los siglos de historia. Tanto es así, que los polacos se han quedado sin país propio en varias ocasiones, desapareciendo de los mapas. En la última invasión, la que dio paso a la Segunda Guerra Mundial, Polonia fue despedazada en dos, por un lado, los alemanes y por el este la Unión Soviética. Varsovia pasó entonces a ser controlada por los nazis, quien deterioró la calidad de vida de sus habitantes, pero sobre todo la de los judíos polacos. Todo esto derivó en una admirable revuelta ciudadana que, a pesar del valor puesto y demostrado, fue un suicidio, y prácticamente toda la ciudad acabó entre ruinas.

Entre 1950 y 1970 se intentó reconstruir la ciudad vieja a semejanza de la que fue devastada pocos años antes, y piedra a piedra fue resurgiendo la capital de Polonia, como el ave fénix. Edificios como el Castillo Real, que llegó a desaparecer por completo, se alzó de nuevo. Otro ejemplo está en la Plaza del Mercado, donde solo sobrevivieron tres de las muchas casitas de colores que rodeaban el lugar. Hoy, la plaza florece como antaño, siendo una visita obligada para las cámaras indiscretas.

Pero hay edificios e infraestructuras que se quedaron en su tumba y, por lo tanto, pasaron a la historia o al olvido. Muchas de estas edificaciones eran importantes, emblemas que relucían ante una población orgullosa que no sabía lo que se le venía encima. Ahora desplegaremos una pequeña lista con algunos de estos lugares que ya no existen en Varsovia y que nos hubiese encantado conocer.

  1. El Palacio Sajón

Seguramente es el edificio más recordado por los varsovianos debido a la importancia que poseía, siendo la sede del Estado Mayor polaco desde 1925 hasta su destrucción. Entre los arcos se decidió enterrar al soldado desconocido y encender la llama, y curiosamente, este trozo es lo único que sobrevivió al terremoto nazi. La parte de la arquería que quedó en pie puedes visitarla en la Plaza Piłsudski, donde verás dos guardias custodiando la tumba y la llama. Como curiosidad decir que el compositor Chopin vivió en los terrenos del palacio a principios del siglo XIX, pues su padre enseñaba francés en él.

2. Gran Sinagoga

En la actual Plaza del Banco podemos admirar el Błękitny Wieżowiec (Rascacielos Azul), pero antes de este edificio de 120 metros de altura se encontraba en su lugar la sinagoga más grande de la ciudad, que como os podéis imaginar, fue una de las estructuras que más sufrieron con la ocupación nazi. La construcción de la Gran Sinagoga fue terminada en 1878, y se desvaneció en 1943. Cuando terminó la guerra no quedaban casi judíos en Varsovia, por lo tanto, no se reconstruyó.

3. Gościnny Dwór

Otro edificio emblemático de la ciudad que no se reconstruyó tras la destrucción fue esta especie de mercado construido en 1841 en la plaza Żelaznej Bramy (plaza de la Puerta de Hierro), llegando a ser el punto comercial más grande de Varsovia en la segunda mitad del siglo XIX. Su planta era triangular con los vértices redondeados, y su estructura estaba formada por arcos de ladrillo y hierro fundido. En su interior había 168 tiendas y otros tantos puestos donde el auge de la actividad comercial se daba los viernes.

4. Estación Principal de Trenes de Varsovia

Donde hoy se encuentra la estación de metro Warszawa Śródmieście hubo, antes de que los alemanes lo derruyesen, una de las estaciones más modernas y grandes de toda Europa. Su construcción comenzó en 1932 para sustituir a la Estación de Tren de Viena-Varsovia, que era mucho más pequeña, pero en realidad, la nueva nunca fue terminada del todo, pues antes de que esto ocurriese llegaron los de Hitler con sus lanzallamas y martillos.

5. Puente de Kierbedź

En 1864 se inauguraba el primer puente de acero que cruzaba el río Vístula en Varsovia. Un tubo con forma de prisma cuadrangular engullía y vomitaba carros, animales y personas para llevarlos de una orilla a la otra. Se encontraba donde hoy está el puente Śląsko-Dąbrowski, que une el casco viejo con el barrio Praga. Los alemanes destruyeron todos los puentes de la ciudad, y este no iba a ser menos.

Otros edificios interesantes que dijeron adiós para siempre en aquellos fatídicos años de guerra fueron el Palacio Rojo Branicki, la Casa de la empresa Gebethner i Wolff, el Circo Staniewski y el Palacio de Bruhl. Al igual que los animales extintos a principios del siglo XX… una pena no haberlos conocido más que en fotografías en blanco y negro.

A continuación, despliego la última parte del diario de nuestro viaje a la capital polaca, donde pisamos un par de museos y el parque más grande de Varsovia, además de asistir a un concierto de música clásica.


Día 3 en Varsovia

Lo prometido es deuda, madrugamos y salimos hacia el museo POLIN de Historia de los Judíos Polacos, que está enclavado donde se encontraba el mayor gueto judío de la época del holocausto. El moderno edificio acristalado se inauguró en 2013 y se sitúa en el centro de un parquecito con varios monumentos dedicados todos a la comunidad judía que allí residió.

Es de los museos más recomendados de Varsovia y, normalmente, es al que más tiempo se le dedica, pues, aparte de ser largo, tiene muchas salas y piezas interactivas que harán que te vuelvas loco manipulándolas… Nosotros, como dos niños en una habitación con botones prohibidos, creamos una moneda con nuestros nombres en hebreo, bailamos música de la época, nos convertimos en comerciantes, etc. Está bien ambientado y recorre la historia de la comunidad judía en aquellas tierras desde la Edad Media hasta después de la II Guerra Mundial. Al final le dedicamos dos horas y media y cuando salimos había acabado la mañana para nosotros.

A ver… No es que el edificio del museo POLIN sea feo, es que es moderno

Teníamos la intención de seguir cultivando cosas en nuestro cerebro pasando directamente a otro museo, pero ningún cálculo del tiempo nos daba esperanzas para cumplir nuestro objetivo, así que nos tocó almorzar antes. El restaurante elegido estaba frente a la puerta de nuestro próximo destino: el museo del Levantamiento de Varsovia. El alzamiento del cual están tan orgullosos los varsovianos fue un movimiento armado de la población de esta ciudad en 1944 contra la ocupación nazi, acto que desembocó en la venganza alemana y de ahí la destrucción casi total de la urbe. La ciudad se comenzó a reconstruir en 1953, fielmente a los planos anteriores, imponiéndose al característico estilo comunista.

En cuanto al museo… La ambientación es fantástica, las exposiciones, el contenido y las partes interactivas se llevan un aplauso, pero el problema está en la organización del espacio y el orden a seguir. Nos pareció bastante confuso el camino que debíamos tomar cada vez que finalizábamos una sala, siendo contradictorio el plano de las plantas con la serie de números de la audioguía (herramienta que no recomiendo en este museo). Aun así, merece la pena visitarlo, pues como digo, tiene una ambientación espectacular.

Dos jóvenes insurrectos visitan al pequeño insurrecto, un monumento dedicado a todos los soldados pueriles que participaron de alguna forma en el Alzamiento de Varsovia

Nuestra siguiente parada fue en el Parque Real Łazienki, el más grande de Varsovia, que se encuentra algo alejado del centro, hacia el sur, así que fueron varios los vehículos que tomamos hasta llegar, y así pasó, que en uno de los autobuses Kiran se dejó su querido gorro con pompón que tanto amaba, lo que le supuso una pena insoportable que, el paseo por los jardines del parque no pudo curar del todo. No obstante, recorrimos el parque apresuradamente por dos razones, primero porque estaba anocheciendo, y segundo porque habíamos quedado con unos seres polacos para cenar, y no era plan de hacerles esperar.

El parque, fundado en el siglo XVII, contiene varios museos, un laguito alargado, palacios, patos variados, el jardín botánico y un puñado de esculturas. El monumento más conocido es el de Fryderyc Chopin, que con una postura de soberbia evita su reflejo en el agua de la fuente que tiene a sus pies, aunque en realidad no había nada de agua aquel día gris de finales de febrero.

Aquí tenemos a Chopin, apartándome la mirada, pues está cansado ya de los paparazzis

Los seres polacos de los que hablé hace dos párrafos, eran una pareja nativa de Varsovia que, de algún modo, estaban (y están) conectados con la familia de Kiran, y nos estuvieron ayudando amable y constantemente durante todo el viaje con la logística y otros menesteres, pero siempre a través de un chat, así que había llegado el momento de poner cara a estas buenas personas, y donde mejor para ello que en un local donde podíamos comer fritanga y beber cervezas.

Tras la agradable reunión intercultural donde tres lenguajes muy distintos se entremezclaban en el aire, volvimos a adentrarnos al frío invierno de la Europa del Este para recorrer rápidamente una de las calles más comerciales de la capital, Nowy Świat, pues teníamos una cita con Emanuil Ivanov, un pianista búlgaro que participaba en el tributo a Chopin, pues no os había dicho que coincidió nuestra visita a la ciudad con el 212 aniversario de su nacimiento, y como habían florecido diferentes eventos para conmemorar este hecho, habíamos decidido asistir a uno de los concierto a su memoria. El concierto fue en el salón Nowy Świat Muzyki, y el espectáculo nos dejó aluciflipante, a pesar del cansancio que se pegaba a nuestra piel. El concierto al que asistimos fue grabado y aquí lo puedes ver y oír: https://www.youtube.com/watch?v=KQ3fqcpHnJg

Finalizado el espectáculo enfilamos camino al hostel para dar final a nuestro último día en Polonia y su capital, un lugar que, quizá no reluzca por su belleza monumental, pero que tiene una de las historias recientes más interesantes que han pasado por mis pupilas. Fue un fin de semana intenso y yo le habría sumado otro día para completar la visita conociendo el barrio Praga, los bares de leche y algún museo más. Hasta la prox.

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