Río Napo (9º trabajo)

Como glóbulos rojos en las vías de un toxicómano, navegantes en el Estigia y portadores de un oxígeno que se marchita en cada milímetro recorrido. Tiempo atrás, pero no ayer ni anteayer, no pasó hace lustros, ni siquiera décadas… hablamos de más allá: cien años y con seguridad me quedo corto, cuando los barqueros debían cargar con carabinas y rosarios protectores, en esas épocas en blanco y negro donde el negro dominaba al blanco. Por las orillas se escondían ceños fruncidos y cerbatanas cargadas de odio, pues cada luna que pasaba eran más las copas de los árboles que tocan suelo, era más el alimento que se evapora sin haber sido disfrutado, y se tornaba más gris la respiración en la jungla. Hoy, ahora sí, y ayer también, esos que apretaban puños en las orillas, en estos momentos inventan poblados de aire con caja fuerte, donde guardan las monedas gringas que han intercambiado por la artesanía mediocre, para volver a intercambiarlo, pero esta vez por tabaco y ron.

Ya se olvidó el mundo que aquella flecha de agua, afluente del rey de los regatos, se encontraron los primeros “Indiana Jones”, hasta llegar a la anaconda del sur, el Amazonas, un nombre prestado por aquellas mujeres de los mitos helenísticos, pues se creía, aunque nunca se demostró, que en las selvas que rodean al emperador de los ríos y a sus afluentes, incluyendo el Napo, se escondían sociedades únicamente integradas por hijas, madres y abuelas, y que solo se encontraban con los atributos masculinos una vez al año, para sumar arcos futuros a su estirpe guerrera, y si la descendencia tenía pene sería entregada a la primera tribu mixta que pasara por delante.

Así pues, no podía dejar de pensar en estas leyendas cuando una indígena alcohólica, con un niño gordo apretando su mano, me intentó vender un cuchillo de madera de chanul decorado con colores de la bandera del Ecuador.

EL CINTURÓN DE HIPÓLITA

El noveno trabajo que Euristeo, ya desesperado, encomendó a Heracles, fue, en realidad, idea de la hija del rey, pues como a toda clásica princesa malcriada le brotaban caprichitos por todo su cuerpo, y ella deseaba más que nada en el mundo el famoso cinturón de oro que poseía Hipólita, la reina de las amazonas.

El temido pueblo guerrero de las amazonas se encontraba en Temiscira, en la desembocadura del río Termodonte en el mar Negro, en la actual Turquía. Este reino estaba formado completamente por mujeres y se decía que eran hijas de mismísimo Ares, de ahí su ferocidad y espíritu guerrero. El cinturón que lucía la reina Hipólita era un símbolo de poder que el dios de la guerra le otorgó como líder del pueblo de mujeres.

Heracles comenzaba pues su noveno trabajo que ya se tornaba complicado. En esta ocasión Euristeo permitió que partiese con un grupo de guerreros, pero si las cosas se ponían chungas poco iban a poder hacer para defenderse de las numerosas amazonas. Por el contrario, cuando la nave llegó Termodonte, las mujeres recibieron a Heracles con aclamación, pues las historias sobre sus trabajos habían llegado hasta allí, e Hipólita y sus hermanas admiraban al héroe. Tanto es así, que la reina decidió entregar el cinturón voluntariamente cuando Heracles reveló el motivo de su visita.

Uno de los trabajos que parecía más complicado se había convertido en el más sencillo de todos, pero esto solo fue un espejismo, ya que entró a jugar, como no, la diosa Hera, que veía que el semidiós iba cumpliendo todas las tareas sin apenas rasguños. Así fue que, disfrazándose de amazonas, comenzó a soltar rumores sobre las “verdaderas” intenciones de Heracles, que no eran otras que secuestrar a la querida reina Hipólita, lo que provocó que las mujeres se armaran y, ahora sí, sacaran toda la furia. Comenzó una batalla donde finalmente el héroe se enfrentó a la reina, ganando este último y obteniendo así el cinturón. Existen varias versiones sobre este relato, como en la mayoría de los mitos griegos. En algunas versiones Hipólita muere en esta batalla a causa de la espada de Heracles. En otra versión se enamoran y así obtiene el cinturón. Otra versión habla sobre un intercambio entre el cinturón y una amazona secuestrada por el semidiós. Quédate con la que más te haga tilín. Yo me quedo con la primera.

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